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December 23 Amontonados sin motín!Lo digo por esto y porque no pude subirlo a Xanga.
No te votamos para que dieras vuelta la cola, y ahora la cola nos persiga y taponee las puertas de nuestras casas, pegándosenos en el culo la bronca; dejándonos quistes de basura como señuelos de Hansel y Gretel. Volveremos porque nos pagarán.
Dinero implica indignidad, Cualquiera lo sabe por cómo huele, aunque se haya conseguido de noble manera. Tiene al tacto, el dejo de la madera podrida, de la tinta rancia y la mezquindad del número lleva a estrechar el brazo del recipiendario y acortar la mano de quien da.
Y efectivo. Se te paga sin promesa. No te dijeron "irás a cobrar como acostumbrarías con tu deudor". No, al gobierno que te da la dádiva por respirar, le tenés que ir a suplicar como si fuera el dios de la mitología que todo lo conoce, pero al que hay que rogarle. Así el mito existe por el rito. Dios el Estado, y una soberana navidad, con lo justo para atracarse de masacres animales y emborracharse olvidando por un día, lo que se es.
Es un asco, me da asco verlos amontonados y no, amotinados, cortando una calle, pidiéndonos a los vecinos ¡¡¡estamos hartos de esperar para cobrar lo que nos corresponde; ayúdenos!
Solidaridad contra la farsa de la prodigalidad. Autosuficiencia contra la burocracia de la demagogia.
-º-
Carta enviada a los medios:
¿Cobrar un beneficio, supone dignidad ínsita o es un espectáculo trágico de la lucha por la supervivencia en una manada muda y callada en cola?
Más allá de a qué está referida la mejora en los haberes previsionales y planes sociales, sea lo que fuere; si se paga, se debe pagar en condiciones idóneas para que la persona consiga su dinero.
¿A quién reverencian las masas en fila a la espera de cobrar? No a los vecinos aledaños a las entidades que pagan.
Tampoco, creo, a los empleados que pagan ese haber; ni muchos menos, a quienes lo reciben.
¿A qué apela esta demagogia de caridad? Un acreedor no tiene que perseguir a su deudor para cobrarle. El Derecho en ese caso, le daría instrumentos para intentar hacer justicia con celeridad. Porque una deuda no es una simple promesa; es una obligación de dar en condiciones óptimas; es un reconocimiento al prójimo, no un desafío del aguante. Quizá para quienes la devengan, esta suma puede ser una limosna y para quienes lo reciben, un importante ingreso, pero está quedando con toda la pinta de ser una gracia de su majestad, recibir estos doscientos pesos. Y nadie armó una planilla para juntar firmas, o se dispuso a protestar con altavoz, diciendo que el Estado si va a pagar, lo haga con justicia. Que no sobreexija a sus empleados de planta permanente y utilice la mano de obra que sobra, para estas circunstancias adicionales.
Qué maravillosa generosidad navideña. Qué cristiano y primoroso gesto de bondad, darle migas al pelotón que votará luego en adhesión.
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